Con Hololens, Microsoft ha diseñado un casco que permite interactuar con imágenes y objetos virtuales proyectados en forma holográfica en el campo de visión del usuario. El fabricante habla de ‘realidad mixta’ para cualificar este concepto que participa a la vez de la realidad aumentada y de la realidad virtual. ¿Qué engloba realmente este concepto y hacia qué escenarios de uso nos conduce?

Recordemos que la realidad aumentada consiste en visualizar un objeto en el entorno real del usuario, permitiendo interacciones basadas en la posición en el espacio. Este principio está presente en el famoso juego Pokemon Go o en la reciente aplicación de Ikea Place que, desde un iPhone equipado con iOS 11, permite visualizar un sofá en medio del salón y valorar así cuál será el efecto final.

La realidad virtual persigue un objetivo diferente: transportar al usuario a otro mundo gracias a representaciones en 3D complejas y a interacciones muy desarrolladas. La contrapartida es que, una vez equipado con un casco VR -como el Oculus Rift o el HTC Vive-, el usuario queda cortado del mundo que le rodea.

La realidad mixta intenta unir estos dos enfoques: el entorno “aumentado” gracias a la visualización digital y las interacciones sofisticadas. Para conseguirlo, hay que diseñar un dispositivo capaz de detectar el entorno del usuario y proyectar en dicho entorno objetos virtuales interactivos: es lo que propone Microsoft con su casco Hololens.

Holoportation: el primer ejemplo de realidad mixta

El procedimiento en el que se basan las Hololens es la proyección holográfica que se hace en las lentes insertadas en la parte delantera del casco. Intervienen una serie de cámaras inteligentes y de sensores de profundidad que se encargan de calcular cómo mostrar la imagen, orientarla y dimensionarla de manera que aparezca virtualmente anclada en el entorno inmediato del usuario.

La gran diferencia con la realidad aumentada es que esta imagen no es inerte. Se trata de un verdadero objeto virtual cuya representación cambia en tiempo real en función de las interacciones. En la práctica, ¿por qué no visualizar el avatar de un amigo y charlar con él como si estuviese a nuestro lado, en la misma sala?

Para realizar este complejo escenario, habrá que disponer de unos dispositivos específicos capaces de capturar y modelizar en tiempo real el cuerpo del interlocutor. La denominación que da Microsoft a esta experiencia es la “Holoportation”, aunque ésta se limita de momento a los laboratorios de investigación.

Liberarse de la frontera entre lo real y lo virtual

A la espera de la verdadera telepresencia, esta capacidad de unir lo real y lo virtual sin condicionantes espaciales ofrece ya oportunidades concretas. Por ejemplo, el cliente de un concesionario podrá modificar, según sus preferencias, el coche que tiene ante los ojos y valorar el efecto de un par de llantas o de un extra en la carrocería. En una cadena de montaje, el operario podrá estudiar una representación virtual de la pieza antes de trabajar en el objeto real propiamente dicho.

El grupo alemán ThyssenKrupp, especialista en ascensores, contempla la posibilidad de equipar a sus encargados de mantenimiento con un casco de realidad mixta. A través de este dispositivo, el técnico visualizará en tiempo real el resultado de un diagnóstico efectuado a distancia y localizará fácilmente los procedimientos y modos de intervención específicamente adatados a la máquina que está reparando: un perfecto complemento de los algoritmos de mantenimiento predictivo.

Enfoque colaborativo: ¿cómo tender hacia la teletransportación?

Microsoft, para completar el visor Hololens y los casos elaborados por sus partners, dispone ya de interfaces de programación que le permiten diseñar aplicaciones de realidad mixta. El éxito de las mismas residirá en su capacidad para diferenciarse en términos de usos, favoreciendo, por ejemplo, el trabajo colectivo.

Con la realidad mixta, los diseñadores de un equipo ya pueden trabajar en tiempo real en un modelo 3D aunque sus miembros se encuentren a miles de kilómetros unos de otros. Mañana, cabe pensar en cursos on-line en donde cada alumno tendrá la impresión de tener al profesor a su lado. Las reuniones a distancia, actualmente circunscritas a salas ad hoc, podrán tener otra dimensión. Todos los colaboradores se reunirán virtualmente en el lugar más pertinente y compartirán la problemática física mediante la representación 3D. Participar en un curso de cocina directamente ante los fogones de los mejores chefs, asistir a un experimento en la estación internacional junto al astronauta encargado de las manipulaciones… El enfoque colaborativo, a través de la realidad virtual, integrará por fin el componente esencial en toda comunicación: la percepción fiel e instantánea de los participantes.

 

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