Revolución tecnológica

Los avances de las tecnologías informáticas, de la web 2.0 y de las tecnologías digitales han penetrado en todos los ámbitos de la vida humana, afectando, incluso, a la política y las finanzas.

Una revolución tecnológica conlleva una gran transformación del potencial de creación de riqueza de la economía. Abre un espacio de oportunidad al proporcionar un nuevo conjunto de tecnologías genéricas interrelacionadas, infraestructuras y principios organizativos con los que aumentar la eficiencia y productividad de todas las actividades y producir variaciones a largo plazo en el PIB.

 

Revolución Financiera

La ventaja creciente en costos de la nueva infraestructura modifica radicalmente el perfil general de precios, lo que afecta también a la demanda y a los modos de consumo.

Así, el número de transacciones a través de la red aumenta a un ritmo superior al 15% anual en el mundo, del 20% en España. Según datos del Banco Mundial, los usuarios de internet suponen ya la mitad de la población mundial (el 79% en el caso de España).

Del mismo modo, cambia la percepción de los espacios de oportunidad de mayor rentabilidad, que se definen a medida que las tecnologías se propagan y multiplican.

Algunas cuestiones clave que definen la revolución financiera en el contexto de la transformación digital son: la velocidad en el desarrollo de aplicaciones y tecnologías; nuevos modelos de negocio, como la economía colaborativa; la aparición de formatos transaccionales, como blockchain; cambios generacionales; y la emergencia de nuevos competidores.

 

Revolución fintech

Las diferentes industrias no son ajenas a estos cambios. En cuanto a los nuevos competidores del sector bancario, cabe destacar por un lado a los gigantes tecnológicos (Google y Facebook, entre otros) y, por otro, a las startups de tecnología financiera, también llamadas fintech o empresas tecnofinancieras. Estas han abordado negocios que pertenecían históricamente a los bancos: pagos, inversión, gestión de las finanzas personales, préstamos o infraestructura financiera, entre otros.

El año 2016 supuso el despegue de las fintech. A comienzos de 2018 ya hay unas 15.000 empresas tecnofinancieras en el mundo. En España se pasó de 80 a 220 en menos de 12 meses (ahora hay unas 300). Los servicios financieros se están transformando debido a esta irrupción y, según una encuesta del bufete Baker&McKenzie, el 68% de los directivos considera que las nuevas tecnologías cambiarán de manera decisiva su trabajo en menos de 15 años.

Según los datos manejados por el Foro Económico Mundial, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y China lideran tanto el tamaño del mercado, como las inversiones y el empleo en fintech.

En 2016, la inversión en el sector creció un 10%, hasta superar los 22.000 millones de euros. Mientras que en nuestro país la cifra se situó en torno a 250 millones de euros en 2016, casi el doble que el año anterior, en Reino Unido superó los 650 millones de euros ya en 2015, lo que ha dado lugar a unos ingresos actuales de más de 7.500 millones y genera empleo a más de 60.000 personas.

De esta inversión, el 27% se destina a las startups dedicadas a los préstamos y el 39% a las de pagos, justamente las dos áreas que mayor crecimiento presentan.

 

Especial énfasis en las startups de pagos

Entre las áreas más afectadas por la irrupción de las fintech se encuentran aquellas actividades como los pagos, los préstamos, la financiación y la banca digital (la digitalización reduce las posibles comisiones), así como la banca móvil (a causa de los nuevos jugadores).

Los primeros signos de la revolución fintech pueden observarse en el área de pagos.
Las transacciones digitales en el mercado fintech rondaron los 2.000 millones de euros en 2016 favorecidas por el auge del comercio electrónico. Un 5% fueron pagos móviles. Según un estudio realizado por Visa, el 54% de los consumidores europeos utiliza habitualmente un dispositivo móvil para realizar sus compras.

Los bancos actualmente dominan este ecosistema, que incluye a proveedores tecnológicos y redes de pagos, como Visa y MasterCard. Sin embargo, las startups relacionadas con este apartado se han multiplicado por cinco durante el último año y podrían arrebatar márgenes a las entidades tradicionales.

Según los datos provenientes de Estados Unidos y Reino Unido, una tardía actuación de los bancos podría hacerles perder hasta un 40% de su negocio y un 35% de sus beneficios.

Estas empresas son más rápidas y efectivas a la hora de tomar ventaja de los avances tecnológicos y en desarrollar productos más adaptados a los nuevos canales y más baratos.

Si a esto le sumamos la injerencia de los gigantes tecnológicos (Facebook, por ejemplo, obtuvo el año pasado la autorización para operar como entidad de dinero electrónico en España), las consecuencias para la banca resultan evidentes.

Pese a la comprensible resistencia al cambio de la que hacemos gala los seres humanos, en la economía de mercado la competencia es un mecanismo de superación de esta inercia.

En este contexto, distintas entidades bancarias de todo el mundo han optado por formar parte del ciclo de vida de sus nuevas competidoras por medio de fórmulas de colaboración, incubación, aceleración, participación y compra, y por lanzar sus propias soluciones innovadoras con las que hacer frente a esta irrupción.

 







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